Intentar disfrutar sin el selfie de rigor

octubre 18, 2016 Desactivado Por carlos

Por todo el mundo se expandió pronto la costumbre de los usuarios de hacerse fotos con paisajes, personalidades, amigos, monumentos o eventos de interés de fondo. La cara del propio autor de la foto aparecía en primer plano, mientras que el resto de la escena quedaba en una segunda fase de la imagen.

Pero esta tendencia, a priori algo básica, sencilla y sin mucho contenido lúdico como para triunfar y hacerse extensible y viral, pronto acabó por conquistar a todo el mundo. Así, poco tardaron los usuarios de teléfonos móviles en hacer del uso del selfie –así es como se llama esta actividad- algo rutinario.

Los selfies se convirtieron en algo que las personas empleaban de forma compulsiva, algo que incluso ponía en juego en muchas ocasiones las vidas de quienes se fotografiaban a sí mismos. Pronto surgieron los palos de selfie, que permitían hacer esta especie de auto instantánea con mayor distancia entre el móvil y los protagonistas.

Y de esta manera, los turistas de todo el mundo dejaron de prestar atención a lo que veían y pasaron a preocuparse más por el éxito del selfie, que de forma rauda pasaría a estar publicado en todos los perfiles de redes sociales. Son días en los que lo que importa es la aprobación virtual de los demás y vanagloriarse de que se practican muchas actividades, se viaja mucho y se tiene una vida social muy rica.

Sin embargo, toda esta presunción esta en muchas ocasiones dotada de un gran vacío emocional. Como se suele decir, las apariencias engañan; tanta demostración acaba derivando en frustración y en querer mostrar lo que no somos pero está aceptado desde el punto de vista cultural. Tal vez sea hora de dejar de ser protagonistas y de disfrutar verdaderamente de lo que hacemos, sin estar pendientes del selfie, de la pose, de los gestos de nuestra cara, de lo que vayan a decir los demás. Tal vez sea hora de disfrutar de las cosas con el corazón más que con el teléfono móvil.